Notas caóticas escritas a oscuras
por Norberto José Olivar
1. En mi biblioteca advierto sobrevivientes de antiguos horrores. De allí la necesidad de acercarme a estos testigos del mal, a sus pensamientos y reconvertir sus palabras en mi propia voz. Plagiar el dolor. Necesito su compañía para escarbar en miedos ajenos y conocer el propio. Explicarme las ruinas que me rodean.
De la perplejidad a lo nuevo.
3. Estuve mirando la película de Wagner de
Assis, Kardec (2019), y sentí cierta
empatía. Este vínculo, no sé si llamarlo así, viene de la lectura que una vez
hice de El libro de los muertos. Sus
primeras líneas me arrastraron enseguida: «Para las cosas nuevas se necesitan
nuevas palabras». Es cierto, de lo contrario el lenguaje se hace impotente. Esto
me abruma cuando busco una explicación a esta temporada maldita. Faltan
palabras para poder describir lo que nos ocurre porque es inédito, al menos
para nosotros, pero aun encontrando las palabras adecuadas, precisas,
correctas, la insania las va subyugando hasta convertirlas en lugares comunes,
hasta vaciarlas. Todo lo que la historiografía, las crónicas, la política y la
criminología puedan exponer, no será suficiente sino hallamos esas palabras y
las protegemos.
4. Claude Lanzmann, director de Shoah, documental de nueve horas y media sobre el exterminio judío, asegura que no importa cuánto se indague en el asunto, nunca se sabrá qué se sentía estar en medio de una multitud de cuerpos desnudos apilada en la oscuridad, aspirando Zyklon-B y oyendo el silbido de las válvulas que infectaban el aire. Para saberlo habría que volver de la muerte y traer nuevas palabras.
5. Todos
sabemos lo que es el hambre, pero nadie sabrá jamás qué se siente morir de
hambre, o morir porque te lancen desde la ventana del sexto piso de un edificio
de policía. Captar el momento justo entre la impotencia, la resignación y la
muerte. Quizás podamos imaginar que primero nos abruma la memoria y luego la
nada. O solo la nada, ¿quién sabe?
La
conspiración contra la especie humana
6. Thomas Ligotti tiene el don de señalar el
horror cotidiano. Su metafísica pesimista nos revela que la malignidad que adjudicamos
al otro también está en nosotros. No es una fuerza ajena, el monstruo lleva
nuestro rostro, pero el afán de vivir felices no nos permite aceptar esta
monstruosidad. El mundo sería maravilloso sino fuera por la calamitosa
evolución de la consciencia, una verdadera máquina de infelicidad. Ligotti no
es bueno, debió ser un mortinato para bien de todos, pero ya es tarde, escribió
con nuevas palabras capaces de iluminar nuestra fealdad. Imperdonable y
fascinante.
Llegué a Zapffe por Ligotti
como habrán de imaginar.
8. ¿Qué fue lo que nos pasó que de pronto
reinó un cierto espíritu de criminalidad colectiva? ¿Cuándo perdimos la soberanía
moral, nuestra libertad interior? ¿Cuándo dimos rienda suelta a los instintos
ancestrales de la sangre?
9. He cogido por azar Estación de máscaras de Arturo Uslar Pietri. El narrador habla de
años lentos, tan cambiantes que se sintieron como víspera… Víspera es una
palabra extraña, aterradora, que se vacía y se llena, una y otra vez, una y
otra vez. ¿Es una de esas palabras que tanto nos urge? Quizás. No lo sé.
La foto del blog pertenece a Fernando Bracho


1 comentario:
En las bibliotecas conviven el bien y el mal, el dolor y el amor. Todo se lee en el turbio presente que nos ha tocado. Saludos
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